Uno de esos grandes dilemas al momento de diseñar es sin duda pensar en lo simple que puede resultar un diseño. Pero, ¿realmente es simple un trabajo o un trabajo simple? ¿Es la simplicidad lo que hace virtuoso un diseño?
Mucha veces al ver nuestro trabajo, contemplándolo con la lupa inquisidora de la autocrítica es clásico preguntarse: “¿Qué le falta a mi diseño?” Pero lo idóneo sería preguntar: “¿Qué le sobra a mi diseño?”
La función del diseño no es, en primera instancia, una necesidad visual sino una necesidad de comunicación; y muchas veces como diseñadores olvidamos es punto. El diseño gráfico es comunicación visual, tan es así que en universidades (e incluso en nuestra amada UNAM) nuestra carrera es tambien llamada comunicación visual. ¿Pero qué es lo realmente importante a la hora de diseñar? Simple: comunicar.
Comunicar exige entendimiento, y nuestra responsabilidad es trascender ese entendimiento, llevar la información al grupo específico al que va dirigido. ¿Pero qué tiene que ver con la simplicidad?
La nueva simplicidad no es más que un revaloración de los conceptos de antaño, específicamente lo ya probado y comprobado por la Bauhaus y la escuela de Ulm, lo simple es mejor en casi odos los casos. Puede parecer que diseñar con pocos elementos es simplista, de poca dedicación o falta de creatividad, pero para llegar a ese resultado mínimo se requiere muchas veces de un esfuerzo descomunal.
Pensemos en el caso de Otl Aicher, sobresaliente integrante de la escela Ulm, quien en su momento se encargó de la creación de la imagen corporativa de la empresa Braun y de la de los Juegos Olimpicos de Munich (1972). Al momento de diseñar la señalización de los diferentes eventos, al momento de abstraer la figura humana y convertirla en un círculo sobre un forma que a penas logra interpretrese como el torso y las exteremidades de un ser humano, Aicher cambió la historia del diseño y la comunicación.

No necesitamos más para saber que estas dos representaciones gráficas son referencia directa a un hombre y a una mujer, es más, al verlos sabemos que hace referencia a los sanitarios. Esto muestra que el menos es más. ¿Para qué recurrir a elaborados gráficos hiperrealistas si con estos simples elementos podemos cubrir con éxito nuestro mensaje? Y quizá lo más importante de todo: ¿Cuánto tiempo y esfuerzo invirtió Aicher para lograr este increible resultado? No lo sabremos con seguridad, pero sin duda su trabajo ha tracendido las barreras culturales y el tiempo. Meta que todo diseñador aspira a lograr.
El menos es más, a menor número de elementos, mayor entendimiento,o al menos eso se debe lograr.
Citando a Félix Beltrán: “El buen diseño es aquel al que no le sobra nada”
Y es verdad, diseñar es más que adornar, diseñar es saber distribuir, ordenar y finalmente su unción primaria: ser funcional. En nuestra sociedad es común recurrir a la saturación de elementos, pues dicho sea de paso, hemos vivido en una cultura donde el barroco llegó para quedarse. Abarrotamos desde lo que comemos hasta lo que vestimos, es parte de nosotros, nuestra cultura. Es por esto que cuando comenzamos a estudiar diseño y realizado nuestro primeros trabajos (al menos en mi caso fue así), estos estaban cargados de elementos inecesarios, que sólo estan ahí por “verse bonitos”. Con el tiempo descubrimos el poder de la simpleza y que con pocos elementos podemos lograr el máximo resultado.
¿Pero podemos diseñar sin ser simples? Claro que sí, pero es nuestra responsabilidad el saber como lograr un óptimo resultado.
Retomando a Beltrán, un buen diseño es aquel al que no le sobra ni le falta nada.
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Publicado por: Daniel Castillo Severo, Ma. Fernanda Castro de la Cruz, Marisol Nolasco Amezcua